29/11/13

Discurso de la servidumbre voluntaria o el contra Uno. Étienne de la Boétie (1530-1563).

¡Pobres gentes miserables, pueblos insensatos, naciones que persistís en vuestro mal y permanecéis ciegas ante vuestro bien!.
Dejáis que se lleven, delante de vuestros ojos, lo más hermoso y claro de lo que tenéis, que saqueen vuestros campos, que roben de vuestras casas los viejos muebles que heredasteis de vuestros antepasados. Vivís de tal manera que nada de ello os preocupa, Parece como si recibieseis con gran felicidad que se os sustraiga la mitad de vuestros bienes, de vuestras familias, de vuestras vidas.
Y todos esos estragos, esas desgracias, esa ruina, no los provocan los enemigos, sino, antes bien, el enemigo, ese que vosotros mismos habéis creado, por el que vais tan ardorosamente a la guerra y por cuya grandeza no dudáis en ofrecer vuestras vidas.
Ese amo no tiene, sin embargo, sino dos ojos, dos manos, un cuerpo, como ocurre con todos los habitantes de cualquiera de nuestros pueblos. Lo que lo singulariza son los medios que vosotros le entregáis para que os destruya. ¿De dónde saca todos esos ojos que os espían si no es de vosotros mismos?. ¿Cómo habría de contar con todas esas manos que os golpean si no se las hubieseis prestado vosotros?. Los pies con los que pisa vuestros pueblos, ¿no son acaso, también, los vuestros?, ¿Tiene algún poder sobre vosotros que no proceda de vosotros mismos?.¿Cómo se atrevería a acosaros si no fuese con vuestro beneplácito?, ¿Qué mal podría haceros si no fueseis los encubridores del ladrón que os roba, los cómplices del asesino que os m ata y los traidores a vosotros mismos?.Sembráis vuestros campos para que él los devaste, amuebláis vuestras casas para permitir que se entregue al pillaje, educáis a vuestros hijos para que pueda saciar su lujuria, alimentáis a vuestros niños para que, en el mejor de los casos, haga de ellos soldados y los lleve a la guerra, a la carnicería, los haga ministros de sus codicias y ejecutores de sus venganzas. Os tomáis molestias para que pueda solazarse en sus delicias y entregarse a sus sucios placeres. Aceptáis debilitaros para que él sea más fuerte y mantenga la brida más apretada. Y de tantas indignidades que las propias bestias no aguantarían si las padeciesen, podríais liberaros sin intentaseis, no ya eso, liberaros, sino, simplemente, desearlo.
Decidíos a no servir más y seréis libres. No os pido que lo empujéis, que lo hagáis tambalear, sino sólo que no lo sostengáis. Veréis entonces cómo, igual que un grancoloso que pierde la base, se hunde bajo sus pies y se rompe.
Discurso de la servidumbre voluntaria o el contra Uno.Étienne de la Boétie (1530-1563).


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